Tras meditarlo por largo rato, Luciano decidió que lo mejor que podía hacer por el joven Dmitri era enviarlo a México. No hablaba el idioma, pero Maurizio sí, así que no veía fallo en enviarlo con él. Al final, tenía con qué negociar: cuidar de aquel joven a cambio de que usara su casa; no era un mal intercambio.
Ya sin darle más vueltas al asunto, tomó el teléfono y llamó a su hermano. Maurizio al ver la llamada de Luciano, no dudó en contestar, aunque, siendo honesto, esa llamada era algo rar