Maurizio llegó a Gaeta luego de un corto viaje. Él se mostraba un tanto asombrado; llevaba años hablando con su hermano. Si bien Luciano no era alguien que se acercara mucho a la familia, ahora vivía bajo un fuerte dispositivo de seguridad; aquello no tenía más explicación que el hecho de haber sido un testigo protegido.
Al llegar a casa de su hermano, el hombre ya lo esperaba en el recibidor.
—¿Cómo te fue? ¿Todo bien? —preguntó Luciano con evidente tranquilidad.
—Sí, hermano, pero ¿a qué se d