Luciano, por un breve momento, analizó si lo que estaba a punto de hacer era correcto o no; no obstante, tras unos breves segundos, soltó el mentón de Amelia, sonrió maliciosamente y dijo:
- Digamos que primero debo darte un breve resumen de lo que sucedió, ya que va a ser un poco complicado de explicar. Por ahora, debes descansar y reponerte, cuando vayamos a casa te explicaré todo.
Tal como Luciano esperaba, Amelia no dejaría el tema por la paz, razón por la que desde un inicio no había mencionado nada.
- ¡No! Dime, explícate, ¿Qué quieres decir con que tengo una hija? ¿Soy o no soy tu esposa? -dijo Amelia sin apartar la vista de él.
Aquello sorprendió a Luciano, pues en el tiempo en el que llevaba viviendo en su casa, aquella mujer no se mostraba retadora, al menos no desde el incidente donde había evidenciado que, de verdad, necesitaba ayuda.
Luciano se levantó de la camilla, caminó hacia la ventana, sabía que esto era un albur, solo existían dos escenarios y, en ambos, era mu