Tras ver cómo Luciano salía en búsqueda de su hermana, Moretti se dirigió hacia un lugar donde ya lo esperaba alguien más.
—¿Qué tanto sabes sobre mi familia? —preguntó sin rodeos.
—No mucho, señor Moretti. —pronunció Adrien, sintiendo cómo las piernas y manos le temblaban ante la penetrante mirada de aquel hombre. – Pe… Pero podría decir que lo suficiente como para decir que, si usted pide que Luciano regrese, él puede regresar y nadie se lo podría impedir.
—Sabes bien que no puedo hacer eso, ¿