Tal como le había dicho el capitán de vuelo, tan pronto como Luciano llegó al helipuerto del hospital, ya lo estaba esperando Moretti. Luciano, al verlo, se percató de que este no lucía nada contento con su presencia en ese lugar.
—Pareciera ser que ustedes los D’Angelo se toman todo a la ligera, ¿verdad?
—Sabes bien que no iba a dejar a mi hermana sola… —dijo Luciano acercándose a Moretti y saludándole con un abrazo fraternal.
—Tú ya estás muerto, por si no lo recuerdas… —dijo el hombre con ser