Ángela sintió como todo le daba vueltas; esto debía ser un error. Hacía años ella lo había intentado, Dios estaba de testigo de que lo había intentado, pero nunca se había podido dar y ahora, ¿de verdad estaba escuchando bien? ¿Estaba embarazada? ¿Eran trillizos?
Antonio tuvo que tomar asiento, pues simplemente la noticia lo había dejado con los ojos bien abiertos, sin aire en los pulmones y sin saber cuáles eran las palabras correctas para decir en ese momento.
—¿Señor Moretti? ¿Está usted bien