Tras un buen desayuno, Ángela y Antonio regresaron al consultorio; ya ahí el médico revisaba los resultados. De pronto, una sonrisa se dibujó en su rostro, una que Antonio no supo cómo descifrar.
—¿Qué es tan gracioso, Marino?
—Bueno, considerando las circunstancias, me gustaría que pasáramos por aquí… —dijo el médico señalando la sala donde había camilla y un ultrasonido.
—¿Qué sucede, Marino? —¿Encontraste algo mal? —preguntó Antonio con la voz cargada de algo que no se sabía cómo explicar. Bi