Laura condujo a casa con un terrible sabor de boca, no daba crédito a lo que estaba sucediendo. De todos los escenarios posibles, este definitivamente jamás se le había venido a la mente.
Al llegar a casa, la realidad le pegó y de golpe, pues al bajar del auto, notó que no había luces encendidas en la entrada, ni mucho menos había luz dentro de la casa.
La sensación de calidez que normalmente la recibía, el aroma a comida o postres no invadieron esta vez su nariz. Se suponía que este debía ser u