Adrien observaba cómo su hija finalmente se iba a la cama. Le había resultado difícil hacer que Adele se fuese a dormir, ya que la emoción de llegar a su nuevo hogar en Pienza era demasiada y la niña simplemente se negaba a hacerlo.
La única manera en que lo logró fue cuando la dejó que se durmiera en compañía de los 4 gatos que su abuela había dejado huérfanos y que hoy se volvían suyos.
Tras arroparla y cerciorarse de que estaba profundamente dormida, hizo una llamada que tenía pendiente.
—Bue