Massimo, luego de una larga temporada alejado de todo y todos, comenzaba a retomar su vida poco a poco, dándose cuenta de que sus pobres hijos no estaban tan en buenos pasos como ya lo sabía.
—¿Cómo estás, mi niña? —preguntó Massimo entrando a la oficina donde se encontraba Laura.
—Bien, papá, bien…
—Eso no me sonó a un bien, bien. ¿Cómo estás en verdad?
—Papá, ¿cómo crees que voy a estar? Mi vida se está yendo al demonio.
—Laura, lenguaje, por favor…
—Papá, tengo problemas más importantes