—¿Luciano? —preguntó Amelia al verlo distraído mientras cuidaba a Olaf.
—¡Perdón! ¡Perdón! ¿Qué decías?
—¡Nada, mi vida! ¡Nada…! Por un momento te quedaste pensativo, ¿qué sucede? —preguntó la joven sabiendo cuál era la respuesta.
—Quiero ir a ver a mi hija, ¡Amelia, necesito verla! ¿Cómo puedo estar tan tranquilo si no la tengo a mi lado? Sé que hemos hablado mucho sobre el tema, pero, necesito ver que Almendra está bien. —respondió el joven con la voz cargada de preocupación.
Había pasado medi