—¡Massimo, hermano…! —dijo Pietro caminando hacia aquel hombre que no paraba de consumir alcohol.
Diana había estado siendo paciente, pero ya no podía más; su esposo llevaba una semana encerrado en su estudio bebiendo hasta embrutecerse. Magnus no pudo hacerlo entrar en razón, por lo que no vio otra opción que hablarle a Matteo o Pietro.
—¿Piensas continuar así? ¿Acaso no ves todo lo que está sucediendo a tu alrededor? ¿Piensas seguir bañado en tu autocompasión? ¡Dios, hermano! ¡Apestas! ¿Crees