Luciano no necesitó saber más, algo dentro de sí lo sabía, su intuición se lo había dicho montones de veces: José María Martínez no era de fiar, lo sabía, pero nuevamente lo que tanto le habían enseñado sus abuelos, lo había hecho a un lado.
Sin pensarlo dos veces, camino en dirección de la puerta, pensando en que dejaría caer todo el maldito infierno sobre aquel hombre si acaso se atrevía a tocarle el cabello.
- ¿A dónde se supone que vas? -dijo Moretti al ver su reacción.
- ¡Voy por ella! -dij