A Moretti, le dolía ver cómo su esposa seguía confiando en que Luciano era un buen hombre, cuando todo apuntaba a lo contrario.
Él sabía muy bien que su amada mujer, había adoptado a Luciano como si fuese el hijo que nunca pudo tener, pero estaba más que claro que aquel hombre, no podía seguir así.
A Antonio no le preocupaba todo el caos que había dejado con los D’Angelo, le preocupaba que poco a poco se había ido perdiendo a sí mismo, al grado de hacer reconocer sus fechorías sin inmutarse.
- A