Paloma se quedó boquiabierta, no entendía nada de lo que estaba sucediendo, pero, al ver la alegría de su sobrina, prefirió no hacer más preguntas, solo sonrió y se hizo una nota mental para hablar tanto con Luciano como con Amelia, pues no sabía qué truco había usado su hermano para convencerla y eso no le daba muy buena espina.
Luciano observaba la felicidad de su hija; aquello le demostraba que había tomado una de las mejores decisiones. Por el momento, el hombre podría estar tranquilo y, co