Vania bien pudo haber dicho que no, pero su cuerpo y la curiosidad la traicionaron, cuando estaba por decir no, su cabeza asintió. Con aquella respuesta, Paolo sonrió triunfante, sabía que sus palabras habían logrado su cometido.
Poco después, aquel joven se deshizo de cada prenda que llevaba ella y él mismo.
Vania realmente no estaba muy segura de haber hecho lo correcto, pero esta era la primera vez que alguien como él se fijaba en ella, ¿Qué podía salir mal?
- ¡Tienes un hermoso cuerpo! ¡Tus pechos son bellísimos…! Tu piel huele a flores y te debo confesar que me es difícil no perderme en tu aroma… -dijo Paolo con sinceridad.
Vania solo podía cerrar los ojos y sentir como aquel hombre besaba cada parte de su ser, su cuerpo. La joven no paraba de sentir escalofríos ante cada sensación no reconocida.
Todo ello definitivamente era nuevo para ella, incluso las reacciones de su cuerpo ante eso le parecían extrañas, sus pechos que siempre habían sido grandes ahora estaban erguidos y duro