Luego de una larga charla y tras un vuelo ligero, Pietro regresaba a casa, no había nada que ansiara más que regresar a casa. Mientras conducía a su hogar, el auto le indicó una llamada entrante de Theodore.
- ¿Ya regresaste? -preguntó el hombre al otro lado de la línea.
- Ya, voy camino a casa…
- ¿Cómo te fue? ¿Qué te dijo? -preguntó Theodore preocupado.
- No pude decirle… -dijo Pietro con seriedad.
- ¿Por qué no lo hiciste? Sabes que eso tarde o temprano va a salir a la luz…
- Massimo tiene muchos problemas encima como para agregarle uno más.
- Sí, pero este, si no se controla a tiempo, créeme, nos va a explotar en la cara a ti, a mí y a toda la familia D’Angelo. -dijo Theodore recordando épocas pasadas.
- En este preciso momento, el que menos me preocupa es Luciano, pues, al parecer, el que tiene más problemas es Paolo.
- ¿Qué problemas puede tener ese escuincle? Se la pasa de bar en bar, de mujer en mujer y de fiesta en fiesta, ¿qué problemas podría tener? ¿Se le acabó el