Luego de varios días, Paolo se dio de alta y, tal como lo habían dicho ambos afligidos padres, la cuenta se pagó, pero nadie llegó a verlo.
Laura, que sentía una inmensa tristeza, quería acercarse, pero él estaba rotundamente decidido a no dejarlos acercarse. Esta situación, en definitiva, preocupaba a ambos padres, pues era bien sabido que la chica llamada Vania, no era culpable, pero ¿por qué su hijo se comportaba de tal manera?
Todo apuntaba a que Paolo estaba cegado por el enojo hacia ella,