El aroma a café recién molido se mezclaba con la salinidad del aire marino. Alexander ocupaba una mesa en la terraza, los ojos ocultos tras gafas de sol, mientras observaba a Larsen acercarse entre la multitud. El agente inglés vestía de civil—camisa blanca, pantalones beige—pero su postura rígida delataba años de entrenamiento.
—No pensé que vendrías —dijo Larsen al sentarse, sin saludar.
—Curiosidad malsana —Alexander removió el azúcar en su taza—. ¿Europol ahora contrata delincuentes?