El mensaje llegó a las 3:47 AM, cuando la ciudad de Panamá dormía bajo un manto de neón y sombras. El teléfono de Alexander vibró sobre la mesita de noche, iluminando la habitación con una luz fría.
"Querido Alexander,—decía el texto en ruso —Moscú te extraña. Ven a casa. Trae a tu cubanita. Si no... mandaremos a alguien por ustedes. Tus amistades nuevas no nos gustan."
Alexander no necesitaba ver la firma para saber quién lo había escrito. Dimitri.
Se incorporó en la cama, con las manos alr