La sala de juntas estaba vacía. Apenas iluminada.
Isabella revisaba los archivos del operativo “Espejo”. Su propia operación encubierta, activada en caso de amenaza interna con vínculos al pasado.
Tenía frente a ella tres carpetas.
La de su padre: monitoreado, pero aún a salvo.
La de Alex: bajo vigilancia… aunque aún no sabía que lo vigilaban.
Y la más peligrosa: Maurice Adler.
—El juego acaba cuando yo diga, no cuando tú me provoques —susurró, como si él pudiera oírla.
Carla entró sin tocar.