El auto de Alex avanzaba por la autopista con rumbo al aeropuerto de Zúrich. La noche era clara, y aunque el paisaje suizo era imponente, su mente estaba en otra parte. No quería dejar sola a Isabella. No ahora. Pero los negocios exigían su presencia en una junta crítica con inversionistas. Y si no asistía, la empresa que tanto había trabajado por rescatar podría colapsar.
Apretó el volante. Una parte de él deseaba dar media vuelta y regresar.
El celular vibró. El nombre de Dani apareció en la