Elizabeth.
Únicamente era tan solo una noche, me ratifiqué.
No tenía expectativas de su parte así que mi siguiente paso fue acercarme a él hallando la tensión del ambiente junto su reacción ante mi contacto. Nuestra respiración iba a la par, despacio, pero tampoco rápido. Comienzo a reírme cerca de su boca cuando no descubre más lugares de mi cuerpo por dónde besar hasta que se fija en el lunar expuesto en mi oreja.
—No me salgas ahora con qué: “no había visto un lunar en mi vida”. Estamos