Elizabeth.
Le temí demasiado a su respuesta. La punzada en mi cabeza se intensificaba cada vez más a lo cual tuve que contemplar con claridad donde me encontraba, pues la vista hacia de las suyas al nublarmela. Intente levantarme, no obstante, al hacerlo fallo lo que provoca que cierre mis ojos escuchando a lo lejos un «Elizabeth.»
No tengo en cuenta el tiempo que ha pasado solo me obligo a abrir los ojos despacio para visualizar el lugar que me encontraba. Las paredes son blancas, hay un docto