Maxin
—Ingresa de una maldita vez.—le ordené a Rocío. Han sido días en los cuales ha estado extraña, más nerviosa que otras veces, esa voz chillona ya no está. Un milagro el dichoso cambio drástico, ya me hastiaba en cada reunión.
—¿Eh?, señor...—Tartamudea sin entender.
Una actitud con un simple y distinguido motivo. La visualizo a cualquier hora. Ella toma asiento en frente de mi escritorio, cruza la pierna y juega con la punta del bolígrafo en su mano.
Hay un presentimiento que no desaparec