Iris
No cerré los ojos en toda la noche.
Me quedé acostada, inmóvil, mirando el techo, escuchando su respiración volverse regular, como si nada hubiera pasado. Como si no hubiera pronunciado esas palabras. Como si no me hubiera, sin más, pedido vender mi cuerpo a cambio de una promesa de poder.
"Solo una vez."
Esas palabras todavía giran en mi cabeza.
Solo una vez.
Como si fuera un favor trivial. Como si se tratara de ir a comprar leche o de plancharle una camisa.
Como si yo fuera una palanca que accionar, una carta en un juego de ajedrez que él quería ganar.
Me levanté antes que él. Tomé una ducha fría. Lentamente. Lavé cada parte de mi piel como si pudiera borrar lo que había insinuado. Como si pudiera despojarme de la idea misma. Pero no se va. Está dentro de mí. Se ha alojado en mi caja torácica. Me oprime.
No he llorado. Ni una lágrima. Creo que le habría gustado. Una reacción. Una explosión. Algo.
Pero no.
Estoy vacía. Vacía de él.
Cuando bajó, un poco más tarde, ves