Capítulo 43 — Fantasmas del pasado
El silencio de la nueva mansión era profundo, casi sepulcral. Afuera la brisa movía los árboles, cubriendo todo de un sonido relajante. Anastasia había pasado todo el día inquieta, con la mente atrapada en una imagen que no conseguía borrar de su mente. Era la mirada de Igor al discutir con Vera. Había visto en él algo más que frialdad; un peso invisible, un dolor que se escondía detrás de su rigidez de hierro. Además, si alguien sabía de dolores ocultos eran