YELENA
Los papeles en mi mano pesaban como ladrillos. Me temblaban los dedos al salir del juzgado donde me entregaron los documentos del divorcio. Debería sentir alivio, ¿verdad? Por fin lo había hecho. Por fin me había permitido respirar un poco. Pero solo sentía un calor intenso bajo la piel. Tenía el pecho oprimido. Las piernas entumecidas.
Casi tres años de matrimonio. Tres años largos, interminables y asfixiantes. Y parecían diez.
Les rogué a mis padres que hablaran con él incontables vece