YELENA
—¡Doctora Moonrack! ¡Su paciente está sangrando! —La voz de Nyra resonó por el pasillo, presa del pánico y tan fuerte que hizo temblar las paredes. No me esperó antes de adelantarse.
Tomé mi instrumental quirúrgico y la seguí, con el abrigo ondeando tras de mí como si fuera una generala de guerra en lugar de una doctora que apenas dormía y aún discutía con su lobo por las noches.
Abrió la puerta de la habitación de una patada. El hombre en la cama sintió su propio pánico, aunque intentó