YELENA
Obligué a mi lobo a calmarse. No podía dejar que me viera perder el control. No aquí. No ahora. Necesitábamos mantener la calma. ¿Verdad?
¿Verdad?
Tenía que estar bromeando. No podía creer que pensara que podía entrar así como así, reclamándola como si fuera un trofeo.
—No decides eso —dije finalmente, intentando mantener la voz firme, pero el tono cortante me delató.
Su mano se deslizó lentamente hacia abajo, rozando mi cintura, lo suficientemente suave como para hacerme temblar.
—Oh, s