YELENA
Suspiré y negué con la cabeza, apartando la mirada de él y volviendo a mis galletas. Tomé una, acercándola a mi boca, intentando fingir que no estaba allí, intentando fingir que mi corazón no latía tan rápido sin motivo.
Antes de que pudiera darle un mordisco, una mano agarró la mía.
Levanté la vista.
El rostro de Tristan estaba demasiado cerca. Demasiado familiar. Su cabello estaba suelto, rozándole el cuello como si ni siquiera se hubiera molestado en peinárselo esa mañana. Esa mirada