El sábado amaneció con un brillo extraño, como si el sol hubiera decidido iluminar la nueva casa de los Carter–Miller con un foco cálido y vibrante. Desde muy temprano, proveedores entraban y salían: decoradores, floristas, técnicos de sonido, un pequeño equipo de catering y el fotógrafo que Claire había contratado la noche anterior a medianoche. La casa se fue transformando en un escenario de revista.
El jardín se cubrió de una alfombra blanca; docenas de flores en tonos marfil y rosa pálido a