Claire: No pegué un ojo en toda la noche.
El monitor cardíaco marcaba un ritmo estable, y aun así cada pocos minutos giraba la cabeza para asegurarme de que Alice seguía respirando tranquila. Nunca la había visto así: tan pequeña, tan frágil, tan rota… y al mismo tiempo aferrada a su vientre como si fuera lo único que la mantenía viva.
La habitación estaba en penumbra, iluminada apenas por la luz azul del pasillo. El silencio me pesaba, pero más me pesaba la verdad: mi amiga estaba destrozándos