El sonido de mis propios pasos retumba en la oficina silenciosa mientras firmo la última hoja. No puedo negar que siento un extraño cosquilleo de satisfacción. Las acciones de la galería ya son mías… bueno, técnicamente, ahora son de Alice.
Cumplí mi promesa. Aunque ella asegure que me odia, aunque me huya, aunque Lucien esté rondándola como un buitre demasiado perfumado… yo cumplo mis promesas. Siempre.
Le entregué los documentos a Marcos personalmente y él salió casi trotando hacia la casa de