Enterrar a Isabelle fue una de las contradicciones más extrañas que he vivido.
No la amé. No la elegí. No la busqué.
Y sin embargo… fui el único que quedaba para despedirla.
El funeral fue pequeño, casi silencioso, como si el mundo mismo entendiera que su historia había sido una tormenta de engaños y dolor.
Sólo estábamos Alice, mi madre Elena, David —el padre de Alice— y Anne.
El bebé no estaba. Lo habían llevado esa misma mañana a un hogar de acogida, donde estaría seguro… y lejos de todo est