Han pasado ya dos semanas desde que llegamos a París. Dos semanas de calles empedradas, cafés con aroma a croissant recién hecho, atardeceres que pintan la ciudad de tonos dorados y rosas, y encuentros fortuitos con Ethan que parecen demasiado casuales para serlo. Cada vez que lo veo, siento esa chispa que había intentado ignorar… la que me dice que estoy jugando con fuego.
Me detengo frente a una pequeña librería en Saint-Germain-des-Prés, contemplando los libros antiguos, con la excusa de mir