El mensaje seguía apareciendo en la pantalla de mi celular, como si me observara, como si exigiera que dejara de huir de una verdad que ya estaba demasiado cerca.
“Si quieres la verdad… ven sola.
Washington. En dos días.
— Firma A.” No entendia nada.
El remitente no tenía foto. No tenía nombre. No tenía nada. Solo firmaba con una letra A.
Y aun así, algo en esas palabras no me provocó miedo… sino una extraña paz mezclada con inquietud.
Mi padre insistió en quedarse conmigo esa noche, pero cuand