El amanecer se filtraba en tonos fríos por los ventanales de la galería. El cristal aún tenía marcas de lluvia, como si el cielo hubiera llorado por todo lo que New York había presenciado hace unas noches atrás. Me quedé inmóvil, contemplando la silueta de la ciudad aún envuelta en neblina. Todo parecía en calma… pero yo sabía que esa calma era solo un disfraz.
La carta que había aparecido bajo la puerta de Alice era breve, pero su eco persistía en mi mente:
> “Nada termina así, aún no.”
Había a