Amy:
Cuando regresamos a la habitación, Alexis me lleva hasta la cama. Sin embargo, en lugar de quitarme la ropa de
inmediato, me coge la cara entre sus manos.
—Gracias por esta velada deliciosa, amore—susurra con una mirada cargada de un sentimiento
difícil de explicar.
Yo le sonrío y acerco las manos a su cintura.
—No hay de qué… —Me palpita el corazón, abrumado de felicidad—. Es un placer.
Da la sensación de que va a decir algo, pero entonces se acerca y empieza a besarme con una pasión