Amy:
Rompe el beso, y mientras yo parpadeo un par de veces para ver si esto es la realidad y no una cruel pesadilla, él da un par de pasos hacia atrás y se queda mirándome con una expresión rara.
—No estás aquí como mi prisionera, motita — susurra.
Y sé que mientes.
—Ven— me ofrece su mano, pero me limito a no tomarla, se encoge de hombros y abre la puerta por la que yo quería salir hace unos minutos y ...
¡Oh, no!
Alcanzo a ver palmeras y una playa de arena blanquísima. Más allá hay una inmen