Amy:
A pesar del miedo y de la incomodidad, de alguna manera consigo quedarme dormida en la silla.
Creo que no me resultó difícil porque después de todo lo que ha sucedido, estoy exhausta tanto física como mentalmente.
Me despierto por el ruido de unas voces.
El hombre del traje y el bajito, al que yo he llamado líder, están de pie delante de mí,
colocando una gran cámara en lo alto de un trípode.
Trago saliva, mientras los miro fijamente. Tengo la boca tan seca como el desierto del Sáhara