El aire estaba cargado de humedad y resentimiento dentro del almacén abandonado. Las paredes descascaradas y el olor a óxido impregnaban el lugar con una atmósfera asfixiante. Isabella, atada de manos, miraba con odio contenido a Santamaría, quien se paseaba frente a ella con una tranquilidad perturbadora.
—¿Por qué nos haces esto? —preguntó ella con la voz cargada de rabia y desconsuelo—. ¿Por qué tanto odio?
Santamaría se detuvo. Sus ojos oscuros se clavaron en los de Isabella con una intensi