Leonardo tambaleó ligeramente mientras Andrés lo sostenía por el brazo, ayudándolo a salir del club. Sus pasos eran pesados, y su cabeza le daba vueltas por el exceso de alcohol.
—Vamos, yo te llevo. —No es bueno que manejes así, amigo —dijo Andrés, sujetándolo con firmeza.
Leonardo soltó una risa seca y se apoyó en él.
—Está bien… llévame.
Andrés abrió la puerta del auto y ayudó a su amigo a acomodarse en el asiento del copiloto. Apenas se recostó contra la ventana, Leonardo cerró los ojos y s