La batalla ha comenzado
Valeria entró sin esperar invitación y se dejó caer en el sofá con una actitud arrogante. Isabella cerró la puerta con calma y luego se paró frente a ella, cruzándose de brazos.
—Bien, dime de una vez a qué viniste —su voz sonó firme, sin un atisbo de nerviosismo.
Valeria esbozó una sonrisa ladeada y señaló el sillón frente a ella.
—Toma asiento, Isabella. La noticia que voy a darte puede hacerte caer.
Isabella arqueó una ceja, sin mostrar emoción alguna, pero decidió se