Después de terminar la cena, Don Mario se recostó en la silla, visiblemente más relajado.
—Esta comida está muy rica, y sobre todo, porque vino con mucho amor —dijo, mirando a Isabella con aprecio—. Gracias, Isabella.
—Es cierto —asintió Leonardo, sonriendo a Isabella.
Isabella se sonrojó un poco, pero sonrió feliz por los elogios.
—Me alegra que les haya gustado. Siempre es un placer ayudar.
Leonardo miró a su padre y luego a Isabella. Sabía que necesitaban un momento para despejarse un poco d