Ya había perdido la cuenta de cuántos vestidos me había probado ese día.
Cathe estaba completamente fuera de control. Cada cinco minutos, aparecía con un nuevo modelo en brazos, diciendo que "este sí que era el bueno". Y aunque mi energía estaba casi al límite, me reía porque ella estaba más emocionada con esta renovación de votos que yo misma.
—¡Este tiene brillo! —decía, levantando un vestido enorme y lleno de pedrería—. ¡Y este tiene una abertura que, mira... Alessandro se va a desmayar!
—Ca