(Alessandro)
El sol doraba el jardín y hacía brillar la decoración como un escenario sacado de un sueño. Los colores vivos del mundo de Del Revés estaban por todas partes: mesas con personajes inflables, globos flotando, dulces personalizados, y la enorme tarta de tres pisos con todas las emociones sonriendo en la parte superior. Era imposible mirarlo todo y no sonreír como un tonto.
Larissa estaba a mi lado, con aquel vestido alegre que parecía hecho a medida para ella. ¿Y Gabriel? Gabriel era el dueño del mundo en ese momento, corriendo descalzo por la hierba con la capa roja de Enfadado ondeando a su espalda.
Cogí la mano de Larissa y nos dirigimos hacia el jardín, donde ya estaban llegando los primeros invitados. Nada más pasar por el arco de globos, mi tía surgió de entre la decoración, sonriendo abiertamente, vestida con una blusa floreada y los ojos brillantes.
—¡Tía! —abrí los brazos, y ella me envolvió en un abrazo fuerte.
—Dios mío, Alessandro… qué lugar tan bonito. ¡Qué fie