Fue él quien rompió el silencio primero.
—¿Cómo está Gabriel? No he podido pasar por allí hoy...
Le miré, notando que su preocupación era genuina.
—Está bien. Vinieron unos amiguitos a jugar con él esta tarde. Si todo sigue igual, podrá volver al colegio en dos semanas.
La sonrisa que apareció en sus labios fue tan sincera que me pilló por sorpresa.
—Qué buena noticia... —dijo con un brillo en los ojos que hacía mucho que no veía. Y luego, más bajo, casi como si hablara solo para sí—. No veo la