Llegué a casa con el corazón aún ligero, lleno, desbordando. Desde que salimos del hospital no podía dejar de revivir el momento en que el médico dijo que el cáncer prácticamente había desaparecido. Mi padre estaba libre, y aquel nudo en el pecho que me acompañaba desde hacía años… por fin empezaba a deshacerse.
Decidí que hoy la cena sería especial.
Preparé la mesa con calma, elegí la mejor vajilla, encendí unas velas que llevaba tiempo guardadas y quise cocinar yo misma.
Un risotto de setas con solomillo en salsa de vino tinto: su plato favorito. También dejé una botella de vino que Rafael había traído de su último viaje. Quería celebrar. No solo por la salud de mi padre, sino porque volvía a sentirme viva.
Cuando oí el ruido de la llave en la puerta, me giré sonriendo.
—¿Larissa? —Rafael apareció en la entrada de la cocina con una maleta en la mano y el pelo algo despeinado—. ¿Qué está pasando? Esto parece cena de película.
Sonreí, con los ojos brillando, y me acerqué a él.
—Ha pas