Alice entonces volvió a mi lado y me cogió la mano, apretándola con fuerza.
— Todo va a salir bien — susurró, como si fuera una promesa.
Fue entonces cuando me di cuenta de las miradas curiosas dirigidas hacia nosotros. Varios niños nos observaban, unos escondidos detrás de otros, otros con los ojos como platos, como si esperaran que pasara algo. Suspiré y, en un impulso, dije:
— Oye, ¿quién se apunta a un día de pizza hoy?
Se miraron entre ellos, tímidos, sin saber si iba en serio. Alice sonri